Si de poesía se trata...

te proponemos disfrutar de un reportaje con la Señora:

 
 

Liliana Cinetto

 
     
 

 

L7CM: -Leyendo tu autobiografía, supimos que tus primeros escritos fueron poesías. ¿Qué fue lo que te atrapó de este género?

Liliana Cinetto: Supongo que la musicalidad, al principio, como ocurre con todos los chicos. O el juego de palabras que la poesía hace posible. O simplemente su magia. No hay que olvidar que la poesía es el primer contacto que los chicos tienen con la literatura a través de las nanas, las rondas, los juegos y tantos otros poemas tradiciones que aprenden y cantan aun antes de comprender el significado de algunas palabras. La poesía es la puerta de entrada a la literatura. Es que, para mí, en la poesía se encuentra la literatura en su estado más puro, la literatura en carne viva. Allí están presentes todos los recursos que un escritor puede emplear, aun cuando no escriba poemas. Las metáforas, las comparaciones, las imágenes sensoriales, las sinestesias... no son exclusivas de la poesía. Hay narradores inolvidables como García Márquez que escriben una prosa absolutamente poética. Aquellos que hemos caído bajo el maravilloso embrujo de las palabras, entre los que me incluyo, no escapamos de esa fascinación que nos produce un poema. Lo interesante es que yo leía poesía desde chica, pero no empecé leyendo poesía para niños, sino poesía “seria”, de adultos. Y me encantó.

 

L7CM: -¿Cómo te llega la inspiración?

Liliana: -Es un misterio. Muchas veces ni siquiera viene, la muy bruja, por más que la llamo y la espero. Por eso, ante sus ausencias injustificadas y caprichosas, he tenido que reemplazarla con trabajo. Alguien me dijo una vez que, en el oficio de escritor, hay un 10 % de inspiración y un 90% de transpiración. Nunca fui buena para las matemáticas, pero bastante de eso hay. Yo escribo todos los días. No todo lo que escribo me gusta, claro. Y tiro muchas cosas a la basura o a la papelera virtual. Pero, a veces, escondida entre las palabras, aparece la idea. Y luego, sólo tengo que tirar de ella, como si fuera la punta de un ovillo. En esos momentos el texto fluye, desbordado e impetuoso como un río de deshielo. Entonces, escribo y escribo hasta que siento que ya no me queda nada por decir. Y empieza la segunda etapa: la más ardua. La de la corrección. No es fácil tomar distancia del texto propio y tener el pulso firme para sacar esto o cambiar aquello. Por eso, yo dejo mis textos un tiempo, antes de retomarlos y corregirlos. Cuanto más tiempo pasa, mejor. Más fácil me resulta corregirlos. Si después de un tiempo, los releo y me gustan, sé que van por buen camino.

 

L7CM: -¿Alguna vez escribiste para adultos?

Liliana:-Sí. Siempre había escrito poemas y tenía un par de cuentos solitarios. Pero nunca lo había encarado sistemáticamente hasta que nuestro país vivió la crisis económica del maldito corralito y la salida de la convertibilidad. En ese momento, yo tenía un par de libros a punto de ser publicados. Pero las editoriales estaban mal, como todos, y las cosas estaban paradas. Yo necesitaba seguir escribiendo. No puedo dejar de escribir, porque es como si me faltara el aire. Pero no tenía sentido continuar acumulando papeles en los cajones. Fue cuando decidí enviar material a concursos en España. Así me puse un objetivo real y, a la vez, me inventé una esperanza. Pero como los concursos que había en ese momento eran de poesía y de cuentos para adultos, dejé los textos para chicos. Fue una gran experiencia. Escribía poemas principalmente, pero se me ocurrió la idea para un libro de cuentos, “La vida es cuento”. Y lo hice. Fue mi primer libro para adultos. Lo maravilloso fue que, con él, gané el primer premio en el concurso Alfonso Grosso de Sevilla. Y además me lo publicaron en España.

 

L7CM: -¿Cuál de tus libros te dio más trabajo? Y ¿por qué?

Liliana:-No estoy segura. Supongo que siempre el que me da más trabajo es el último, el que estoy escribiendo en “este” momento, ahora, porque estoy en la etapa de la creación, de la búsqueda, del tanteo... Y no tiene que ver con el género, porque podría pensarse que me es más sencillo un cuento que un poema o al revés. Lo que sí me pasa es que cuando me sumerjo en una historia de cabeza y empiezo a disfrutar, me resulta más sencillo y mucho más placentero. Me pasó con “Cuidado con el perro” que es una novela. O con los cuentos de la colección Esas cosas no se hacen: “Los ruidos de la panza”, “Las malas palabras”, “Cosquillas en la nariz” y “Yo quiero a mi hermanito”. Me divertí muchísimo con ellos.

 

L7CM: - Mucha obra es poesía, cuando recorremos librerías o bibliotecas, vemos muy poca oferta de poesía. ¿A qué lo adjudicás?

Liliana: -Lamentablemente existe un antiguo prejuicio acerca de la poesía. Se piensa que no se lee y sobre todo que no se vende. Eso hace que las editoriales prefieran publicar cuentos o novelas y que sean reacias a los libros de poemas. Pero puedo asegurarles que no es así. La poesía gusta mucho más de lo que se cree. A los chicos les encanta. Y mi propia experiencia lo demuestra. Mi libro “Veinte poesías de amor y un cuento desesperado” se vende muchísimo. Además, como también soy narradora de cuentos, trabajo en escuelas con los chicos y compruebo personalmente el efecto que produce un poema, cuando les veo las caras o escucho sus comentarios. Eso nunca miente. Lo que pasa es que, como con todo, hay que darles la posibilidad de que lean poesías, de que la conozcan. Y por supuesto hay que darles buena poesía. Hay algunas cosas que ni siquiera merecen ese nombre. Algunos piensan que juntan dos palabras con rima y ya está el poema para chicos. Y no es así. Hay que seleccionar buenos autores para crear lectores de poemas. Lo que pasa es que la poesía es un género especial. Cuando es buena, es maravillosa. Cuando es mala, es horrible.

 

L7CM: -Muchas veces preguntamos a los autores sobre los libros que no deberían faltar en la biblioteca de un niño. Pocas veces surge la poesía, suponemos que en tu caso no será así. ¿Qué libros de poesía recomendarías para una biblioteca infantil?

Liliana: -Más que libros, recomendaría autores indispensables. Pero hay tantos que no sé por dónde empezar. Machado, Neruda, Hernández, Lorca, Alberti, Guillén, Nazoa... Sé que la gente se asusta al oír esos nombres. Los chicos no van a entender esos poemas, podrían decirme, Yo les contestaría: No hace falta entender la poesía. Lo importante es sentirla. Hay algunos autores latinoamericanos que a mí me encantan: el mexicano José Juan Tablada, Claudia Lars de El Salvador, Manuel del Cabral, de República Dominicana, Jorge Carrera Andrade de Ecuador, Jairo Aníbal Niño de Colombia... También recomendaría a Ramón Gómez de la Serna con sus maravillosas greguerías que son textos breves llenos de humor y poesía. Y de Argentina, hay autores ineludibles y excelentes como Walsh, Villafañe, Tallon, Bornemann... Y no dejaría de recomendar antologías que, además de incluir autores, rescatan la poesía popular, las rondas, los juegos, las canciones de cuna... ¡Ah! Supongo que tendría que recomendar mi libro, claro. “Veinte poesías de amor y un cuento desesperado”.

 

L7CM: -Cuando escribís, ¿lo hacés para alguien en particular? ¿Cómo imaginas a tus lectores?

Liliana: -No escribo para alguien en particular. Tengo una cierta noción, claro, de a qué lectores quiero dirigirme. No es lo mismo escribir para adultos que para primeros lectores o para chicos más grandes. Uno debe elegir un determinado registro. Pero creo que una vez que están publicados, los libros hacen lo que quieren. Cuando escribí “Veinte poesías de amor y un cuento desesperado” imaginé que les iba a gustar más a las chicas que a los varones. Me equivoqué. A los varones les encanta. Y a mí me alegra mucho verlos cuando se compran el libro y me piden que se los dedique o cuando me dicen que “Está buenísimo.” Me alegra saber que gracias a ese libro se acercan a la poesía, descubren que es hermosa.

 

L7CM: -¿Sos metódica o… te dejas llevar?

Liliana: -Soy metódica en cuanto al trabajo. Escribo todos los días, varias horas, por oficio y por necesidad. Es que me falta algo, si no lo hago. Pero soy rigurosa. Si no escribo, corrijo. O leo cosas relacionadas con lo que estoy escribiendo. O anoto ideas. Por supuesto, en algunos momentos la musa llega y me dejo llevar de la mano. Pero si no viene, salgo a buscarla con trabajo, con constancia, con esfuerzo. Como enseño en los talleres de escritura que coordino, no hay mejor manera de escribir que escribiendo.

 

L7CM: -Trabajaste como docente en escuelas primarias. ¿Qué rescatás de esa experiencia?

Liliana: -Yo creo que puedo escribir para chicos porque no he perdido la mirada de la infancia. Y eso se lo debo a mis hijos y a mi experiencia docente. Aprendí mucho de los chicos. Descubrí sus gustos, sus inquietudes, qué los divierte, qué es lo que no soportan y qué es lo que les encanta oír. Creo que hablo su mismo lenguaje. Crecí mucho en mi escritura gracias a ellos. Lo bueno es que disfruté de mi etapa de maestra. Valoro mucho el trabajo del docente. Es sacrificado, polifacético, exigente, no siempre reconocido y agotador. Pero eso sólo se comprende cuando uno se ha ensuciado los dedos con tiza.

 

L7CM: -¿Cuáles son los títulos o autores que te emocionan como lectora?

Liliana: -Hay demasiados. Por supuesto tengo que mencionar a los poetas. Neruda, Lorca, Machado, Hernández, Girondo, Benedetti, Olga Orozco... Me emocionan profundamente. La poesía siempre me conmueve, desde lo intelectual o desde los sentimientos. Pero también me gusta releer a Cervantes y a Shakespeare y me maravilla semejante talento. Y adoro a García Márquez. Es y será siempre mi ídolo. Pero me gustan muchos otros autores, claro. Es que soy una lectora tan voraz.

 

L7CM: -¿De que manera influyó la globalización en la Literatura Infantil y en la Poesía?

Liliana: -Supongo que como en todo. En algunas cosas, ha sido positiva y en otras, nefasta. La globalización es buena cuando derriba fronteras y nos permite conocer otros mundos  lejanos y nutrirnos de ellos. Es mala cuando desdibuja los rasgos característicos, la esencia de cada uno y hace que uno se olvide quién es.

 

L7CM: -Siempre cerramos los reportajes averiguando… sueños, inquietudes, deseos de nuestros entrevistados. ¿Cuáles son los tuyos?

Liliana: -Son sueños sencillos. Algunos tienen que ver con mis afectos. Que mis hijos encuentren su vocación y logren vivir de ella, como me ocurrió a mí. Que el amor los espere en una esquina de la vida para hacerlos sonreír. Que algún día pueda viajar al pueblo de mis abuelos, en Italia. Otros son sueños literarios. Seguir escribiendo y publicando, claro. Escribir una novela para adultos que me ronda desde hace tiempo. Escribir mi mejor página, aquella que me haga a mí también una autora inolvidable.

 

Para despedirnos, te regalamos un par de versos… que escuchamos por ahí

 

¡Vendo nubes de colores:

las redondas, coloradas,

para endulzar los calores!  

Rafael Alberti

 

Mirta Rodríguez – Viviana Benítez

 

 
     
 

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Si querés disfrutar de sus textos

 

 
     

 

     
 

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